“Sí a Almaraz, sí al futuro”, un movimiento cívico que aglutina a la sociedad de Campo Arañuelo y que ha sido apoyado mayoritariamente por la sociedad extremeña, surgió de la necesidad de responder a un desafío: evitar el cierre de la central. Hemos cumplido un primer hito, pero nos toca seguir trabajando para que Almaraz continúe viva muchos años más y se convierta en una apuesta de futuro fuertemente arraigada en el territorio.
Almaraz acaba de superar una de las mayores incertidumbres sobre su futuro. El Consejo de Seguridad Nuclear informó favorablemente sobre la renovación de su autorización de explotación, sujeta a los límites y condiciones que fija el propio regulador, y el Gobierno dio después luz verde a su continuidad mediante orden ministerial. La decisión abre una nueva etapa para la central, sus trabajadores y los municipios de Campo Arañuelo. Es la noticia que esperábamos desde que un grupo de alcaldes leyó ante la entrada de la planta hace casi dos años el manifiesto "No nos resignamos".
Para la plataforma es un paso adelante, pero no definitivo. De Almaraz dependen el empleo de miles de familias, cientos de proveedores y las oportunidades de los estudiantes que aspiran a trabajar en las empresas vinculadas a la central. Entonces nos preguntamos si existe algún motivo para cerrar lo que funciona cuando Almaraz es la columna vertebral de la economía de una zona como el Campo Arañuelo que ha hecho de esta industria su seña de identidad. Tenemos algunos ejemplos de cuál puede ser el camino correcto.
A orillas del lago Anna, en Virginia, funcionan dos reactores de agua a presión de tres lazos diseñados por Westinghouse. Son del mismo tipo tecnológico que los de Almaraz y comenzaron a operar unos años antes. El regulador nuclear de Estados Unidos ha renovado sus licencias por segunda vez y ha autorizado su funcionamiento durante un periodo que puede alcanzar los ochenta años.
Las páginas que siguen recogen los principales hitos de la plataforma “Sí a Almaraz, sí al futuro” que nos han traído hasta aquí, y algunos explican por sí solos la dimensión que alcanzó aquella primera llamada. Una campaña reunió más de 9.600 firmas en apenas nueve días. La primera gran manifestación llevó a miles de personas desde la Plaza de España de Almaraz hasta el acceso a la central: unas 10.000 según la plataforma y alrededor de 7.000 según la Guardia Civil. Una veintena de localidades apagaron sus monumentos bajo el lema "Extremadura apaga para que no nos apaguen". Trabajadores y vecinos convirtieron la 31.ª recarga de la Unidad 1 en una nueva movilización, y "Almaraz no cierres", una canción compuesta por empleados de la central, acabó coreada por medio millar de personas en Navalmoral de la Mata.
La reivindicación salió muy pronto de la comarca. Pasó por la Asamblea de Extremadura, el Congreso de los Diputados y los ministerios de Transición Ecológica, Trabajo e Igualdad. Quince alcaldes de distintas sensibilidades políticas firmaron una carta al presidente del Gobierno que nueve de ellos registraron en La Moncloa. Mujeres por Almaraz llevó a Madrid la relación entre empleo, autonomía económica y futuro rural, y sus portavoces fueron recibidas por la ministra de Igualdad. En Bruselas trasladamos a eurodiputados y a la Comisión Europea las consecuencias económicas y sociales que, a nuestro juicio, debía tener en cuenta cualquier decisión sobre la central. Más tarde, una delegación de la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo visitó Campo Arañuelo a iniciativa de la plataforma, y su informe pidió al Gobierno español que reconsiderara el cierre.
Nada de esto habría ocurrido sin la sociedad civil que hizo suya la causa. Gracias a los trabajadores de la central y a su comité de empresa; a los alcaldes y ayuntamientos que supieron actuar juntos; a los sindicatos, organizaciones empresariales, universidad y asociaciones que integran la Alianza por Almaraz, que pasó de más de ochenta organizaciones a superar el centenar; a la Cámara de Comercio de Cáceres y a los comercios que colgaron el cartel "Yo apoyo Almaraz"; a las mujeres que dieron vida a Mujeres por Almaraz; a los periodistas que contaron lo que estaba ocurriendo; y, sobre todo, a los ciudadanos que firmaron, se manifestaron y financiaron de su bolsillo las acciones de la plataforma, con más de 56.000 euros reunidos en dos campañas de financiación colectiva. Este informe es, ante todo, suyo.
Por todo esto y en honor a tanta implicación y esfuerzo la autorización de continuidad no significa que el trabajo haya terminado. Ahora podemos levantar la vista y preguntarnos qué horizonte merece una instalación que sigue cumpliendo los requisitos de su regulador, y ahí aparece North Anna. Los sistemas regulatorios de Estados Unidos y España son distintos, pero el caso de Virginia demuestra que la vida de una central puede decidirse mediante evaluaciones sucesivas de seguridad, gestión del envejecimiento e impacto ambiental, y no solo por su edad. La NRC concede renovaciones de veinte años, y la segunda de ellas permite operar hasta los ochenta años. Creemos que esa experiencia internacional merece formar parte de la conversación sobre el futuro de Almaraz.
Porque hay de nuevo razones para la discusión. El informe del CSN ha avalado técnicamente la renovación, y la propia orden ministerial recoge la valoración del operador del sistema: la continuidad de Almaraz aporta al sistema eléctrico, y esa aportación se refuerza en el actual contexto de incertidumbre. La orden reconoce también que la central ayuda a moderar la exposición de los consumidores a los picos de precio del gas, en un escenario internacional que el propio Ministerio describe como más volátil.
Con esa conversación abierta, ‘Sí a Almaraz, sí al futuro’ inicia su segunda etapa. Seguimos siendo un movimiento nacido de la sociedad civil, sin adscripción partidista ni empresarial, y seguimos entendiendo el futuro de la central unido al del territorio: al empleo cualificado, a las empresas auxiliares, a la formación de profesionales, a la atracción de nuevas inversiones y a la posibilidad de que Campo Arañuelo y Extremadura consoliden un tejido industrial capaz de generar oportunidades durante generaciones. Almaraz no debe contemplarse al margen de los proyectos energéticos, industriales y tecnológicos que llegan a la comarca. Más allá de cuánto tiempo pueda seguir funcionando la central, nos importa qué se construye alrededor del conocimiento, la infraestructura y el tejido productivo que ha reunido a lo largo de su historia.
Por eso, no nos conformamos y, en esta segunda etapa, ponemos el foco en el futuro de nuestros vecinos, de varias generaciones de hombres y mujeres que conviven en la Comarca de Campo Arañuelo y luchan por mantener abierta una industria que funciona, la mayor industria de Extremadura: Almaraz. Por muchos años.